Hablar de Comunicación Institucional y Política

Parece ser que en un día como hoy pueden ocurrir las mismos asuntos que otros días, en el que los “trending topics” pueden llegar a desplazar a los que han reinado estos días donde el mensaje político ha sido detallado en cada red social en la web. Un día curioso de lo más normal 11-11-11, sea lo que sea, este palíndromo, se convertirá en un festejo para algunos equipos de comunicación política. Ahora bien, conseguir un mensaje prestigioso y constante que de con la clave de sensibilizar al ciudadano común, con unos objetivos muy clarificadores, quizá pueda convertirse en el quid de la comunicación política.

Hablar de Comunicación Institucional y Política sin delimitar a los actores que se inmiscuyen en el imaginario democrático, es una actividad no lo suficientemente factible, sino que apostaría por ser imposible. Comenzando por la propia definición de Institucional, en la debemos comprender que la comunicación adyacente a los puramente institucional debe converger en una instrumentalización capaz de obtener unos objetivos bien delimitados en tanto políticos. He aquí que entre el término Política, cuya apuesta por consensuar actores sociales es alta para conseguir unos objetivos en una dirección previamente constatada. Este ámbito de disensión, provoca un enfrentamiento lógico entre posiciones diferentes, bajo un tablero arbitrado por agentes propios de la política que son autocontrolados.

Para la consecución de estas acciones ejecutoras utilizamos el objeto de la comunicación, una instrumentalización profesionalizada que guía con exactitud la función a proseguir así como editar no sólo el plano del significante sino también la conformación del plano semántico del mensaje a proyectar. No obstante no toda la maquinaria de construcción comunicativa es efectiva al 100%, pues la profesionalidad injerta en dicho proceso se aparta a favor de los propios militantes y simpatizantes de los diversos partidos que entran en el tablero electoral. Esto supone una gratuidad económica positiva pero a la vez contraproducente debido a las nuevas y aún no sometidas redes sociales, transformadas en instrumentos distorsionadores que modifican los cauces lógicos netamente políticos. Igualmente estas redes sociales pueden oscilar  entre lo anteriormente citado y ser el medio más interactivo, directo, constante y abierto con el electorado. En sí misma, es la estructura mediática la responsable de esta ciber-instrumentalización, siendo así un ámbito imprescindible que aún está determinar.

En este proceso mediático, un elemento previo e indispensable es la línea editorial. Concepto donde se engloban la base ideológica y el estilo de todo mensaje saliente del aparato locomotor. Cabría señalar su adecuación moldeable pues el tipo de target así como  el medio en sí, suponen rasgos diversos que debe adecuar el mensaje a su recipiente y destino.

Cuestiones que suelen ser tratadas por estos medios diversos, en diferentes ambientes y medios, como son: debates abiertos, mítines, crónicas, editoriales de la prensa, conversaciones informales, comentarios, entrevistas en la radio y la televisión y por otros medios de comunicación, redes sociales…

Este compendio de contenidos diversos es esencial a la hora de imprimir, así como ahondar en los mensajes introducidos, escenificando la puesta en escena de la política como rasgo sustancial, creando líderes electrónicos a través de la ciberdemocracia. Una política que incluso puede ampliar su eco y su ámbito de actuación a través de la cercanía con sus simpatizantes y restantes internautas, donde las descargas de programa desde la red, de diseños atractivos de campaña, logra cercar la opinión del futuro votante hacia un bien propio.

Los procesos a partir de los cuales los sujetos adquieren sus orientaciones políticas son claves en la formación de estas opiniones, donde todos participamos. La reorientación de estos sujetos quizá sea la misión primigenia de la maquinaria política, donde la amplificación de actividades y medios ha dado lugar a una homogeneización de estética y predominio a su vez del significante sobre la propia semántica del programa. Donde una simple palabra puede ahondar en lo emocional de sujeto, dando lugar a un relato beneficioso para tanto el sujeto como para el partido en sí.

Si a través de estos nuevos medios ciberdemocráticos no ya se incide en la persuasión, ni tampoco en el derecho de informar y detallar objetivos a cumplir, donde lo ideal de un debate plural y riguroso, entrevistas donde se clarifique estrategias y programa, deberíamos pues tender la mano al ciudadano, y alzar sus argumentos a un estadio superior donde ahondar claramente en sus intereses, logrando así una mayor trascendencia en lugar de la caducidad reinante de los mensajes diarios.

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