Receptores dogmáticos

El férreo sustento de todo dogmatismo público es vivir adoptando una posición que obstaculiza visiones alternativas hacia un contexto diversificado al que se enfrenta el individuo cotidianamente. Por tanto, la fe y otros dogmas como el neoliberalismo económico-político, exigen una oclusión que requiere una eliminación, por una parte, concienciada y consensuada, para después, cuando pierde el silogismo con la realidad, convertirse en una acción irracional e individual, cuyo fruto es la limitación de captación de la pluralidad de medios informativos.

No obstante, lo cierto es que la citada pluralidad en opiniones es puramente aparente, no existe como tal sino que subyacen a un orden “macro-discursivo” en apoyo de la consolidación del discurso institucional, pues toda estructura de poder necesitan un discurso para su propia fijación. Esta dicotomía entre acción consensuada y acción individual del individuo dogmático, aún no siendo distantes, son continuas y por tanto temporalmente una acción servirá de prólogo a la siguiente.

Normalmente al utilizar los mecanismos de desvío intencionado de realidad y de falsificación como medios puramente psicológicos incluso llegando a lo factual, y por tanto “reales” (bajo una mirada referencial), el hecho tiende a ofrecer un resultado cercano a la obviedad de lo desviado. En el paso de ambas acciones hay por tanto una desreferencialización de lo real, creando así una serie de discursos virtuales que actúan simultáneamente o contrariamente a los discursos reales. Elisabeth Noelle-Neuman (La espiral del silencio, 1995, 204) nos advierte: Los medios de comunicación de masas son formas de comunicación unilaterales, indirectas y públicas. Contrastan , pues , de manera triple con al forma de comunicación humana más natural, la conversación. Por eso los individuos se sienten tan desvalidos ante los medios de comunicación. Incluso, años atrás, exactamente en 1922, Walter Lippman nos enseña que los medios crean mediante la repetición y otros mecanismos afines, un Mundo intermedio, una pseudorrealidad que surge entre la gente y el mundo objetivo exterior.

Esto indica que la función principal del discurso del receptor dogmático es otorgar a la imagen de lo real el poder de reconstrucción de una realidad o simulación de realidad, basándose en códigos extraídos de los mismos discursos pseudo-informativos. Todo esto puede inducir al engaño al individuo con lo que la semiótica denomina confusión de géneros, pues atribuye a una ficción la condición de documento auténtico.

No obstante en todo momento del discurso “macro-discursivo” existe la evidencia de la naturaleza ficcional de la pieza, por mucho que participen de las estrategias de verificación de la noticia. Lo intradiegético y lo extradiegético funcionan de manera correcta para difundir destrezas que incluyen en la funcionalidad a los individuos que recorren esta linealidad de pensamiento.

En relación a todo esto puedo concluir que el dogmatismo informativo del individuo puede redefinirse como una perdida consensuada entre el medio y el individuo que genera unos flujos unidireccionales hacia sí mismo que reflejan la falta de motivación de buscar lo evidente, conformando una sociedad acrítica y fragmentada.

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