Despotismo de los porcentajes

El día de reflexión ha sido traspasado desde hace años por el hecho de la interacción social que proyectan las redes sociales, blogs, y restante mundo social web. La democracia cada vez más allegada a la calle, se vivía ayer hasta altas horas de la mañana, grupos por la calle, con vasos de alcohol en sus manos, confirmaban su rechazo al voto al PSOE, otros negaban la redundancia de la utilidad del voto útil, incluso muchos dudaban de agrupaciones extra-parlamentarias.

El voto útil es una opción que ha surgido de la torpeza de una ley electoral que ha limitado la diversidad que enriquece una democracia y que cierra la puerta a restantes opciones de ciudadanos críticos y con alta conciencia democrática. El poder no puede reducirse al estado, afirma Manuel Castells en su obra Comunicación y Poder. Tras esto podemos para mañana aplicar la tiranía de la mayoría, donde en una u otra sede celebrarán con champán la adquisición del poder. Para Toqueville y John Stuart Mill, el problema de la democracia no lo planteaban los pocos, sino los muchos, como estamos viendo en el poder nacional ostentado por el Partido Popular. Madison y Jefferson (constituyentes estadounidenses) hablaron de “Despotismo electivo” pues gobiernan con una aplicación absoluta de su poder respecto al parlamento.

Giovanni Sartori dice en su magna obra ¿Qué es la democracia?: En el contexto electoral el problema es totalmente distinto, porque cambia el significado de “minoría”. En el sufragio  del votante, la minoría representa a los que no eligen a nadie, a los que pierden su voto  (También puede significar, por supuesto, el voto otorgado a partidos pequeños, a partidos minoritarios pero ése es un significado banal). Por lo tanto, en una votación la minoría no tiene derechos: los perdedores son eliminados y se acabó. Son eliminados drásticamente en los sistemas electorales uninominales (en donde el 49% puede perderlo todo), y menos drásticamente en los sistemas proporcionales; pero incluso en éstos la minoría de los votantes que no llega a porcentaje exigido pierde su voto.

Por tanto, podemos rechazar el término de “despotismo electoral”, en defensa de un “despotismo de los números y porcentajes”… Hagan sus apuestas señores… Los dados en puños cerrados se hallan.

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