La Reputación Institucional, un acercamiento al término

Un acercamiento al término de Reputación Institucional desde una mirada científica, es en cierta manera dificultoso. Al ser tan reciente y al incluir tantas variables hace que no resulte fácil observarlo ni analizarlo, aunque en sí, depende tanto de la comunicación interna como la externa.[1] Según El DRAE, el término reputación (Del lat. reputatĭo, -ōnis). tiene dos acepciones:

  1. f. Opinión o consideración en que se tiene a alguien o algo.
  2. f. Prestigio o estima en que son tenidos alguien o algo.

Ante tales definiciones, podemos observar que se nos habla de prestigio de algo, o la consideración en que se tiene de algo. Sin embargo es el diccionario María Moliner el que nos habla de valía profesional. Por tanto extrapolar Reputación a la terminología organizacional no es tan ajeno al lenguaje en sí.

La reputación institucional es el reconocimiento por parte de los usuarios a la organización por sus acciones, compromisos cumplidos y actos y discursos. En definitiva está claramente unido a la imagen e identidad de la organización pues al fin y al cabo es su consolidación en el imaginario de la sociedad así como en el mundo real. En un artículo de revista de la Universidad Complutense, Justo Villafañe  (Villafañe 2001:1) comenta en relación a la reputación: Lo único que permanece es aquello que requiere del tiempo y del cumplimiento para lograrse. Este es el caso y la naturaleza de la reputación.[2]

Es claro el elemento de fluidez y constancia para lograr una mayor reputación institucional para consolidar el discurso y la aceptación por parte del receptor. Por tanto como valor intangible de la organización no es fácil de mantener si no es por una constante labor comunicativa y de cumplimiento de normativas éticas y culturales propias de la organización. Relacionado con este razonamiento Villafañe(2001:6)advierte una tripe dimensión que afecta al concepto de Reputación:

En primer lugar una dimensión axiológica en la que se encierren los valores culturales de la organización, un planteamiento ético en su relación con terceros, su responsabilidad con la sociedad. Un comportamiento corporativo comprometido a lo largo del tiempo con relación a los clientes, empleados y accionistas, si se trata de una sociedad cotizada, constituiría la segunda condición de la reputación. Por último, una actitud proactiva de la organización en la gestión y en la comunicación de la reputación completaría esta concepción integradora a la que me refiero

Aunque en estas palabras se dirija a un sector más empresarial, podemos aplicarla a un objeto de estudio como es la organización política, pues tanto valores culturales, e incluso ideológicos y éticos posee, al igual que compromiso con sus votantes y sus simpatizantes y militantes, así como la actitud proactiva que debe mantener la organización durante toda su existencia, debido a que la constancia, como hemos determinado anteriormente, fija la imagen en el imaginario social.

[1] La reputación interna obtiene otra nomenclatura: Employer Branding que en otro post describiremos.
[2]  VILLAFAÑEZ, Justo (2001). “La reputación corporativa como factor del liderazgo” Revista Área Abierta Nº 1
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