La verdadera utopía, la equidad absoluta y el control de natalidad, un esbozo del XVIII

La probabilidad, ciencia que determinó muchos años y estudios de población, nació en el juego  y es en esta materia tan aparentemente frívola, donde el matemático francés Marie-Jean-Antoine – Nicolás Caritat de Condorcet (1743- 1794) encontró los instrumentos que necesitaba para elaborar una de las más optimistas de todas las utopías basadas en la ciencia.

Condorcet detalló su óptica en un libro poco antes de ser guillotinado por los líderes de la revolución francesa.  Su Esbozo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano, escrito en 1793, es un himno a la racionalidad en una época de terror, impuesto por Robespierre. El siglo XVIII fue una época verdaderamente radical, cuando la fe en la libertad y la equidad era algo más que la materia de las buenas intenciones. Condorcet apoyaba la igualdad de la mujer y, en 1792, propuso quemar todas las cédulas nobiliarias.

Condorcet, matemático precoz, previó que un científico, con ayuda del cálculo y unas matemáticas realmente complejas, sería capaz de predecir el resultado de las decisiones democráticas, de modo que la propia historia se convirtiera en una ciencia. En tal caso nos encontraríamos en el umbral de la verdadera utopía, como indicó en su esbozo:

Para el filósofo que lamenta los errores, los crímenes, las injusticias que todavía contaminan la tierra , y de las cuales es con frecuencia la víctima, ¡cuánto consuelo alberga esta visión de la especie humana, emancipada ya de ataduras, liberada del imperio del destino y del de delos enemigos de su progreso, avanzando con paso firme y seguro por la senda de la verdad, la virtud y la felicidad.

No resulta difícil advertir en este pasaje un intento de encontrar su propio consuelo ante un futuro desolador. El Esbozo fue escrito apresuradamente, en secreto, mientras los agentes de Robespierre buscaban el autor.

En 1792, la reputación intelectual de Condorcet y su apoyo a la causa republicana, la valieron un lugar en el Comité de los Nueve, encargado de redactar la Constitución francesa. Robespierre, resentido por no haber formado parte de este comité, congeló el borrador de dicha Constitución.  Cuando aceptaron una nueva versión redactada por otro comité lleno de lagunas y erratas, Condorcet publicó una carta anónima urgiendo a la ciudadanía a que fuese rechazada. Sin embargo la autoría de la carta se descubrió y Condorcet fue encarcelado.

El Esbozo, es un texto realmente optimista, pues Condorcet considera que la humanidad ha evolucionado constantemente hasta un nivel superior donde la personas poseen un altruismo innato. Se anticipaba a Darwin y se contraponía a la óptica de Jean- Jacques Rousseau. En la futura utopía, afirmaba Condorcet, la ciencia médica conquistará todas las enfermedades y las personas serán demasiada ilustradas para ir a la guerra. La educación abolirá las desigualdades sociales y todos hablarán el mismo lenguaje. El presente estado de nuestros conocimientos nos asegura que será (una revolución) feliz”

Su esbozo fue muy celebrado tras su muerte por guillotina en  el mes de julio de 1794. Condorcet ya era consciente de que, con el tiempo, el crecimiento de la población podría agotar los recursos disponibles y amenazar la estabilidad de la civilización, para lo cual tenía un remedio, sencillo. El control de la natalidad.  Posteriormente Malthus, veía que el problema no era tan sencillo y admitía que, a causa de las “pasiones de la humanidad” , el crecimiento de la población escapaba del control de los gobiernos tanto cuando éstos se proponían estimular su crecimiento como cuando quería limitarlo. Consideraba que la multiplicación exponencial de la población era una “ley natural”, mientras que la sociedad no podía aumentar  la producción de alimentos al mismo ritmo. Por eso, más tarde o más temprano, las naciones sucumbirían al a superpoblación , la miseria, la mala salud y la inquietud social- lo cual las llevaría a tener que optar entre presión y revolución.

Siglos más tarde, ya en el XX, el escritor Aldous Huxley, afirmó que existe un número de fuerzas impersonales, que nos llevan a un dirección de menos y menos libertad, así como un número de dispositivos tecnológicos que pueden ser utilizadas para acelerar un proceso que nos alejar de la libertad e imponiendo control. Igualmente Huxley concretaba que hay dos fuerzas impersonal, una de ellas , la superpoblación, la presión en aumento de la población presionando los recursos existentes, impondrían patrones de regímenes totalitarios. Sin embargo veía igualmente una esencia biológica en la Tierra como una cuestión de equilibrio entre dos fuerzas imperantes, el comunismo y la iglesia. Una segunda fuerza impersonal era lo que el denominaba sobreorganización: En cuanto la tecnología se vuelve más complicada, es necesario tener organizaciones más elaboradas y organizaciones jerárquicas., controlada por burocracias de grandes negocios y gobiernos. Sin embargo esta disertación es algo adyacente a la literatura y no a la ciencia pues hemos visto que la tecnología obtiene ese grado de control por otros mecanismos, no a través de la burocracia.

Aún sorprende que  la superpoblación entre en el terreno de la distopía, sin embargo también es Giovanni Sartori quién  afirma:

El aumento de la población se traduce en producción de contaminantes, de basuras, de gases invernaderos. En resumen, cuantas más personas habiten el planeta más energía consumirán y más basura, contaminación y gases de efecto invernadero producirán. También se puede expresar de otro modo: La superpoblación incrementa considerablemente los efectos del segundo principio de la termodinámica: la entropía, el desorden, aumenta a causa de las enormes cantidades de energía disipada y ya no utilizable. 

En definitiva, el bienestar y la sostenibilidad planetaría exige un control de la natalidad que cumpla con la articulación natural del planeta tierra, pues es un problema que desde hace varios siglos está puesto sobre la mesa. Es hora de comenzar el juego.

 

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