Sobre el concepto de Desarrollo rural al concepto de huerto urbano

Según la Comisión CEE en 1998: “Mundo rural es el conjunto de regiones o zonas con actividades diversas (agricultura, artesanía, pequeñas y medianas industrias, comercio, etc.) en los que se asientan pueblos aldeas, pequeñas ciudades y centros regionales, así como espacios naturales y cultivados”.

En la propia conceptualización podemos ver un binomio contradictorio uniendo lo urbano y lo rural en la definición, y es que la dificultad de enfocar lo rural se ha hecho patente durante muchos años, al identificar el propio medio rural, agrícola o agrario. No obstante, como consecuencia del proceso de industrialización y/o urbanización de los pueblos y ciudades de Andalucía, el mundo rural constituye un sistema que debe articularse de forma conjunta y compleja en un contexto que necesita unas normativas definitorias, porque lo rural y lo urbano guardan una concordancia real.

Por ello en el propio concepto de lo “rural” encontramos su origen en la diversidad de áreas temáticas, disciplinas, instrumentos de planificación y escalas físicas y geográficas en los que debemos centrarnos en articular otra noción como es “desarrollo”; procesos de crecimiento, “evolución progresiva de una economía hacia mejores niveles de vida” (según la Real Academia de la Lengua). Por tanto nos enfrentamos a un concepto expansivo, multidisciplinar y por ello debemos otorgarle una consideración holística y sistémica de aquellos elementos que lo conforman: naturales, humanos y financieros. Igualmente había que identificar los principales actores del proceso y dinamizar proyectos colectivos a través de consensos estimulando el cooperativismo rural, mediante el desarrollo de la industria agroalimentaria, el apoyo a los canales cortos de comercialización, una presión fiscal favorable y medidas legislativas que quiebren el carácter oligopólico de las grandes cadenas de distribución.

A través de una planificación vertical, actuación vertical, rápidos beneficios… Los problemas que suscitó el modelo tradicional de desarrollo rural, según Alfredo Florencio Calderón, máximo responsable técnico del Grupo de Desarrollo Rural Aljarafe-Doñana durante 15 años:

  • Acentúa los desequilibrios entre las regiones
  • Provoca emigración hacia los polos de desarrollo
  • Crea zonas de marginación en las ciudades receptoras
  • Acentúa el paro agrícola por la mecanización
  • El incremento de la renta agraria sale del medio rural

Tras diversos programas europeos y con la intención de revalorizar el propio potencial de desarrollo rural, así como su revitalización, integración y convergencia del tejido socioeconómico y de los sectores productivos (primaria, secundario, terciario y cuaternario), derivando en un mayor valor añadido bruto, necesario para la remuneración del factor trabajo, consumo del capital fijo (amortización), proviciones, etc. llegamos a los actuales tiempos donde la PAC marca los principales rectores de las políticas rurales así como los grupos de desarrollo rural que casi cubren toda nuestra comunidad andaluza.

La agricultura así como el mundo rural, es el sector básico de la economía de Andalucía y tiene que ser un pilar básico del desarrollo de la actividad productiva, impulsando y potenciando la industria agroalimentaria, la industria auxiliar, los servicios, el comercio de productos autóctonos. Además se tiene que convertir en motor y vehículo de la mejora del medio ambiente con la potenciación de la agricultura ecológica y la investigación de la mejora de los productos y sus tratamientos y del turismo rural, cuyo potencial en la zona entendemos muy importante. Todo esto es el objetivo final de la Política Agraria Común, mejorar el nivel de vida del mundo rural y garantizar a la sociedad una alimentación saludable y sostenible.

Por ellos debería ser prioritario para la Andalucía la defensa de los pequeños agricultores que conservan y mejoran el entorno de los ecosistemas agrarios, es decir, la defensa del aumento en la partida destinada al 2º pilar de la PAC (pilar orientado al desarrollo rural) que es justo lo contrario de lo que defiende el ministro Arias Cañete, que ha transferido gran parte de los fondos recibidos al primer pilar, destinado a los pagos directos, apoyando así una mayor intensificación de la agricultura y la reducción y precarización del empleo agrario así como mayores daños ambientales. A este pilar se destinan 281.800 millones de euros financiados a través del FEAGA (80%) y del FEADER (20%)

Igualmente debería desarrollarse más el segundo pilar de manera eficiente, ejecutando la cofinanciación que exige poder disfrutar de estos fondos. Potenciando la gestión descentralizada y priorizando proyectos cuyos resultados incrementen los aspectos de conservación ligados a la actividad agraria en un territorio, no sólo los productivos. Fomentando especialmente proyectos colaborativos y con implicación de productores y consumidores que potencien canales cortos de comercialización. Este pilar se complementa con 89.900 millones de euros, un 24,18% del total.

Es por tanto fundamental la PAC para el mundo rural, en relación al mayor arraigo de población, la creación de empleo de futuro y de calidad así como el mayor bienestar general de las zonas rurales. Sin embargo, concretando este pequeño análisis, podemos cuestionarnos dónde adecuamos los huertos urbanos, como experiencia de agricultura ecológica para favorecer conocimientos, valores y técnicas de la producción de alimentos dentro del espacio de la metrópolis. El concepto espacio rural, por tanto, ha adquirido en los últimos años un perfil novedoso. Ya no es aquel ámbito alejado de la ciudad, dedicado a la actividad agrícola, ganadera y forestal y poblado de pequeños y medianos asentamientos con una fuerte dependencia urbana. “La noción de espacio o mundo rural va más allá de una simple delimitación geográfica; se refiere a todo un tejido económico y social que comprende un conjunto de actividades muy diversas” (CE, 1988).

En la ciudad de Sevilla, desde los años 90 ya se habían impulsado los huertos urbanos, que de forma pionera se ubicó en el parque Miraflores de Sevilla. Dicha experiencia fue seleccionada por la ONU en la conferencia Habitat II celebrada en Estambul en 1996 como una iniciativa a seguir.

A clave del empleo, este elemento puede impulsarse en la relocalización de la producción alimentaria, pues en el tiempo actual, donde la financiación escasea y la energía tiene un alto coste, es necesaria esta acción. Iniciativas de producción directa, distribución directa y pequeñas tiendas que se generarían en dichas zonas. También se debería relocalizar la transformación alimentaria (por ejemplo, yogures, kétchup, salchichas, gran parte de nuestra bolsa de la compra es así, debería transformarse desde el producto fresco en el propio emplazamiento donde se comercialice en el mismo lugar que se produce y distribuye). No solo empleos directos sino que la formación de estas iniciativas también son empleos indirectos. La agricultura ecológica ahorra el 50% de energía que la agricultura convencional.

El auge de dichos huertos urbanos por tanto son proyectos posibles para establecer una economía social capaz de generar beneficios y empleo. Lo que hoy se concibe como una alternativa de ocio o autoabastecimiento para paliar los efectos de la crisis evoluciona hacia proyectos como el de la Isla de Tercia, una zona de unas 30 hectáreas sin uso definido ubicada entre la ronda Súper Norte, la Cartuja y las vías del tren. Ecologistas en Acción y otros colectivos propusieron a la AVRA (Agencia de Vivienda y Rehabilitación de Andalucía) un proyecto de restauración ambiental que contempla huertos productivos de entre 1.000 y 1.500 metros cuadrados cedidos a cooperativistas comprometidas a hacer una producción ecológica. Por el momento se han roturado tres hectáreas, se está iniciando el plan de cultivo y se ha concluido la propuesta de riego.

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-Comisión des Communautes Europeennes (1988). L’avenir du monde rural, Bruselas, 71 p. COM (88) 501 final de 29 de Julio. “El futuro del mundo rural”, Comunicación de la Comisión al Consejo y al Parlamento. Documento 7957/88. Publicado por MAPA.
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